miércoles, 2 de noviembre de 2011

La balanza

"Ojo por ojo y el mundo acabará ciego" (Mahatma Gandhi)

Al mirar el reloj Luis echó la cabeza hacia atrás intentando que el borrón que tenía ante sí se convirtiera en números y manecillas. Hacía rato que quería irse para casa, pero una buena conversación con una compañía agradable puede y debe alertargar algo intangible como el tiempo. Se abrochó hasta arriba la chaqueta y siguió camino hacia su casa.
Su movil vibró y Luis esbozó una sonrisa: que solo hubieran pasado cinco minutos y ya le hubiera escrito era buena señal, muy buena. Estaba leyendo por tercera vez el mensaje cuando un golpe seco le echó el hombro hacia atrás haciendo que se tambalease. Salió de la ensoñación cupidiana por la via rápida. Un joven de apenas dieciseis años lo miraba como un tigre enjaulado.
_¿Qué pasa, no miras por donde vas? _le gritó acercándole la cara.
_Lo siento.
_Más lo vas a sentir. Dame el móvil y la cartera.
Luis se quedó inmovil, sin poder reaccionar ante la agresividad que desprendía. Sus ojos negros brillaban, por su acento y rasgos le parecía marroquí y aunque era joven, mucho más que él, le sacaba varios centímetros y era más fuerte. Luis no quería problemas, solo estaba deseando llegar a casa, ponerse el pijama, tomarse un ibuprofeno e irse a dormir. Hizo acopio de valor e intentó alejarse a toda prisa, pero en una fracción de segundo, por detrás, le golpearon en la cabeza.

Tras caer al suelo, una marea de patadas le hizo sentir el dolor más intenso de su vida. Los segundos se convirtieron en una eternidad y lo único en lo que podía pensar Luis era en protegerse la cabeza con las manos. Cuando todo cesó, tras un leve cacheo se llevaron su móvil y la cartera.
La sangre le brotaba por la nariz y la boca, por como le costaba respirar imaginó que le habrían roto un par de costillas. Intentó ponerse en pie, pero no fue capaz. Rezó porque alguien pasara pronto. Antes de desmayarse un pensamiento vino a su cabeza: ya no podría conservar el primer mensaje que Lucía le había mandado.
___o___
Oliver corrió cuanto pudo, pero lo único que pudo hacer fue ver como el autobús se iba. Tendría que ir andando hasta casa con la mochila y los libros a cuestas. Miró hacia atrás para ver si alguno de sus compañeros se había quedado rezagado como él, pero no tuvo suerte. La lluvia insistente parecía caer con más fuerza cuando dio los primeros pasos. Ya se estaba imaginando la riña que tendría con su madre. No cesaba de recordarle lo despistado que era, asunto en el que en gran parte, tenía razón.
Siempre llegaba tarde a todos los sitios pero lo que nunca le dijo a su madre, era que lo que no quería era llegar a ninguno de esos lugares.
Hacía tres años ya que se habían venido a España, pero no se había adaptado, ni mucho menos. Todo era extraño en su nueva vida, la comida, la gente, hasta el color del cielo. Echaba de menos a sus amigos, salir en bici con ellos, su colegio de siempre.
Cruzó el parque para atajar. Estaba pensando, ante la cercanía inminente de su casa, si hacer el resto del camino corriendo cuando tropezó y se fue al suelo.
El primer golpe le abrió la ceja, haciendo que sus ojos quedaran inundados de sangre. El siguiente le dio en el estómago, dejándolo sin aire. Los siguientes apenas los sintió. “Puto mono”, “Vuélvete a la selva”, fue lo único que logró escuchar entre la lluvia de golpes.
Luis y sus amigos se fueron corriendo sin mirar atrás, los pasamontañas evitarían problemas futuros si nadie se interponía.
Oliver, un amasijo de carne, exhaló con un único pensamiento en su cabeza: “Mamá, quiero volver a casa”.


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3 comentarios:

xiana dijo...

Hace pocos días que descubrí tu blog. Me gustan mucho tus micro relatos, creo que en pocas palabras consigues que la persona que lo lee se imagine con exactitud la escena que describes. Este, en concreto, es uno de los que más me gusta, refleja muy bien el fenémeno de la inmigración, desde un punto de vista y desde el otro. Saludos

xiana dijo...

queria decir relatos no micro relatos, es que me confundí

Pablo Balsera dijo...

Muchísimas gracias por tus palabras Xiana. Éste es un tema que siempre me llama la atención por la radicalidad que se muestra en muchos casos, para mí no hay buenos ni malos, solo ciudadanos del mundo que necesitan conocerse e intentar convivir en la mayor armonía posible. Un saludo!