domingo, 3 de junio de 2012

Teselando el vacío


Decidió tras el horrible suceso detener el mundo. Se sumergió en una burbuja atemporal, un purgatorio escogido en el que nada ni nadie podría acercársele. El reloj dejó de marcar las horas, la sangre ya no corría por sus venas y por ello su corazón se convirtió en piedra.
Creó tal escudo a su alrededor que la Muerte no pudo traspasarlo cuando fue a por él. Ésta, llena de ira, decidió vengarse otorgándole el peor de los castigos, la inmortalidad; le obligaría a ver como todo lo que conocía y amaba desaparecía.
Pero los años pasaban y la Muerte no observaba ningún cambio en él, ni desesperación, ni locura. Nada que hiciera pensar que tan siquiera podía sentir.
Tras teselar todas las artimañas que se le ocurrieron para hacerse con él sin resultado, la Muerte se desesperó. Nadie había logrado vencerle, hasta ahora.
Derrotada, se arrodilló ante él; sin mirarle. Prometió dejarle para siempre a cambio de saber que le había llevado a tal aislamiento que ni ella había podido superar.
El hombre levantó la vista y le susurró:
             _Darme cuenta de que un día podría morir.


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2 comentarios:

Hera dijo...

Estar obligado a ver cómo todo lo que conoces y amas desaparece..., y no caer en la locura ni en la desesperación..., hay que ser muy fuerte para eso.
Muy buen relato.

Pablo Balsera dijo...

Gracias Hera (me encanta tu nick), me alegro de que te haya gustado. Un saludo!